Durante siglos, Brasil ha simbolizado la huida hacia un paraíso tropical, alimentando la imaginación de Occidente como ningún otro parís suramericano ha hecho jamás. Brasil es un país de proporciones míticas: desde su desmedida pasión por el carnaval hasta la inmensidad del oscuro Amazonas; además la cultura brasileña ha estado influenciada no sólo por los portugueses, que aportaron su religión e idioma, sino también por los indios nativos, la numerosa población africana y otros colonos procedentes de Europa, 0riente Próximo y Asia. Por esta razón he decidido a Brasil como mi siguiente parada en este viaje en búsqueda de la otredad, más aún cuando he escuchado miles de cosas maravillosas acerca de este emblemático país, como lo son el Carnaval de Rio De janeiro, y la maravillosa cultura del mismo.
Sin embargo tengo miedo al no poderme comunicar con las personas, ya que el portugués, enriquecido con vocablos procedentes de las lenguas indias y africanas, es el idioma oficial del país, pero cada región adopta sus propios acentos, dialectos y jerga coloquial, así que me llenaré de paciencia y confío en que las dos lenguas, español y portugués son parecidos y al menos podré entender lo esencial para sobrevivir sin morir en el intento
RIO DE JANEIRO
Rodeado por el océano a un lado y por las montañas al otro, Río de Janeiro, uno de los lugares más bellos del mundo, concentra unos siete millones de habitantes, conocidos como cariocas, que disfrutan de placeres a los que no todo el mundo tiene acceso: las playas, el culto al cuerpo, la samba, la cerveza, el fútbol y la cachaça, un aguardiente casero.
Pero Río también como en algunos lugares de Colombia, tiene problemas, y muy graves: una tercera parte de la población vive en favelas (chabolas), que cubren muchas laderas de las colinas; la población más pobre no dispone de escuelas, médicos o empleos; el consumo de drogas y la violencia son problemas endémicos; y la corrupción y la brutalidad policial están muy extendidas. Río es considerada una ciudad peligrosa, lo que ha tenido como consecuencia una drástica reducción del turismo en los últimos años. Actualmente, existe una unidad policial especial encargada de vigilar las zonas frecuentadas por los extranjeros en un intento por mantener su integridad física; según los informes más recientes, su labor se está desempeñando con éxito.
Río está dividido en una zona norte y una zona surpor la Sierra da Carioca, escarpadas montañas que forman parte del Parque Nacional da Tijuca. La cumbre del Corcovado, a 750 m de altura, coronada por la estatua del Cristo redimido, es el lugar idóneo para hacerse una idea de la geografía de la ciudad, con favelas en ambas laderas de la montaña.
En todo Río la playa es común y genera la vida de los brasileros, por ello, voy ahora de camino a darme un baño en La playa de Copacabana. Definitivamente después de estar en ella creo que es, probablemente, una de las más famosas del mundo, con una extensión de 4,5 km a lo largo de una de las zonas residenciales más pobladas del planeta. Desde la playa, pueden verse los bloques de granito que rodean la entrada a la bahía.
Durante mi segundo día de paseo de playa no podría dejar de lado la playa de Ipanema ya que es la más rica y chic de Río, aunque esperaba algo mes exótico, en este lugar si se ve la opulencia de los brasileros.
Otras playas de la ciudad o sus alrededores son las de Pepino, Barra da Tijuca, Flamengo y Arpoador aunque me fue imposible ir a ellas ya que mi presupuesto es bastante restringido.
El Carnaval de Rio
El Carnaval es la fiesta más famosa de Brasil; así que ya estoy lista con mi vestimenta y mis ojos bien abiertos para no perderme un solo detalle del mismo.
Esta tradicional rumba comenzó a las doce de la noche del viernes anterior al Miércoles de Ceniza y se prolongó durante cinco días. Se celebra en todo el país y, además del impresionante desfile de Río, un espectáculo digno de ver al que acuden multitud de turistas y en donde me encuentro, en otros lugares del país se celebra de un modo más auténtico. Luego me encontré en el sambódromo, una calle con gradas construida para los desfiles de samba, los brasileños sudan, se alborotan y llegan a agredirse, conforme las 16 mejores escuelas de samba se exhiben en su hora de gloria.